La doble norma de Francia

P: ¿Puede Francia ser un líder en lo que respecta a la libertad de expresión cuando los artistas / periodistas son asesinados en los países apoyados por Francia?

En una democracia, la libertad de expresión es un derecho fundamental que no puede ser comprometido. Históricamente, Francia ha asumido un papel de liderazgo en lo que respecta a la libertad de expresión. Desde la Revolución Francesa de 1789, la Asamblea adoptó no sólo la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, sino que también estableció derechos humanos fundamentales, como el derecho a la seguridad, la igualdad ante la ley y la libertad. Esta misma declaración se ha convertido en el modelo de las Constituciones modernas y, desde 1881, la libertad de expresión forma parte de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Esta declaración no sólo se convirtió en un ejemplo para las constituciones de todo el mundo, sino que también se firmaron en París la Declaración de Derechos Humanos de 1879 y la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. La libertad de opinión y de expresión se define en el artículo 19 de la siguiente manera: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho comprende la libertad de no ser molestado a causa de sus opiniones, la de investigar y recibir informaciones y opiniones, y la de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Hoy en día en Francia, el respeto de este derecho se manifiesta en una colorida mezcla de personas y opiniones, particularmente en las esferas del arte y los medios de comunicación. El sistema de seguro de desempleo, creado en el decenio de 1930 para apoyar a los artistas, permite que las personas que han trabajado una media de 12 horas semanales como artistas intérpretes o ejecutantes durante un período de diez meses tengan derecho a pagos mensuales. Los seguros de este tipo permiten a los ciudadanos franceses una vida que abarca la creatividad y el respeto de las diferentes opiniones y formas de expresión. Sin embargo, el apoyo fundamental de Francia a esta libertad no se limita a su propio país. Francia es miembro fundador del Programa de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Estado anfitrión de la organización, lo que significa que ha asumido la responsabilidad de promover internacionalmente sus valores para la paz a través de la educación, la ciencia y la cultura. Además, destacados defensores de los derechos humanos, como el ciudadano de Bahrein Nabeel Rajab y el ciudadano saudita Loujain AL-Hathlouol, recibieron el título de “Ciudadano Honorario” en París para arrojar luz sobre su situación y concienciar sobre la forma en que las personas son encarceladas o perseguidas en el mundo actual debido a la falta de respeto por la libertad de expresión.

No obstante, si bien el apoyo exterior de Francia a la libertad de expresión coloca a la nación en una posición halagüeña, en realidad Francia apoya financieramente a los Estados del Golfo que suprimen directamente la libertad de opinión, de expresión y de prensa. Esto incluye a los países de los ciudadanos a los que Francia concedió la ciudadanía honorífica, como Bahrein, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU). En un envío anterior de la ADHRB sobre la venta de armas de Francia a la región del Golfo, ilustramos cómo Francia apoya a esos países suministrándoles armas para que las utilicen en la guerra del Yemen o contra los manifestantes pacíficos que reclaman la democracia en Bahrein. Dejando de lado la ley de soberanía para no interferir en los asuntos internos de un Estado, ¿no parece contradictoria la posición de Francia en este caso? Según los principios que Francia predica, ¿no debería ponerse del lado de los manifestantes que luchan por su derecho a la libre expresión?

En Yemen, se utilizan tanques y aviones producidos en Francia para matar a civiles inocentes. Entonces, ¿cómo contribuye esto a la represión de los movimientos democráticos que luchan precisamente por derechos como la libertad de opinión y de expresión, a la exigencia de Francia de respetar las libertades fundamentales y su apoyo a la libertad de prensa, de opinión y de expresión? ¿Cómo es posible que un país como Francia haya aumentado drásticamente la venta de armas a una región en la que países como Arabia Saudita no tienen escrúpulos en cuanto al asesinato del periodista nacional exiliado Jamal Khashoggi? En 2018, Khashoggi fue asesinado en el consulado saudí en Estambul, y por consiguiente, se difundió una condena universal de su asesinato contra Arabia Saudita. Alemania fue uno de los países europeos que decidió suspender la venta de armas a Riad, lo que contrasta con la reacción comparativamente menor de Francia, a pesar de la declaración de la Relatora Especial de las Naciones Unidas, Agnes Callamard, que afirmó que la muerte de Khashoggi “constituía una ejecución extrajudicial de la que es responsable el Estado del Reino de Arabia Saudita”.

Esto se hace aún más polémico a la luz de la declaración de Francia sobre el Día Internacional de Lucha contra la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas de las Naciones Unidas, el 2 de noviembre de 2019, en la que Francia subrayó su “compromiso con la seguridad de los periodistas y la promoción de la libertad de prensa en todo el mundo”, así como la participación de Francia en la declaración conjunta sobre la muerte de Khashoggi. Por una parte, Francia pide que “los autores de esos delitos sean llevados ante la justicia” y que “los Estados se esfuercen por establecer un entorno seguro para el ejercicio de la profesión de periodista”. Sin embargo, por otra parte, las imágenes de vídeo de The Guardian muestran que el Presidente francés Emmanuel Macron mantuvo una conversación oculta pero íntima con el Príncipe Heredero de Arabia Saudita sobre temas como la responsabilidad de Arabia Saudita en el asesinato de Khashoggi y la participación del Reino en la guerra del Yemen. De hecho, esto apunta a que Francia da mayor prioridad a las relaciones estratégicas y económicas con Arabia Saudita que a su supuesta lucha contra la violación internacional de los derechos humanos.

Esto significa, por consiguiente, que las declaraciones de los funcionarios franceses, incluidas las formuladas ante las Naciones Unidas, no pueden tomarse en serio si no son más que palabras vacías que no van seguidas de acciones directas. Además, la diplomacia cultural, como la visita conjunta del Presidente francés Emmanuel Macron y el Príncipe Heredero saudita Mohammed bin Salman al Louvre de París, durante la cual el Presidente utilizó un famoso cuadro para intentar enviar al Príncipe Heredero saudita el mensaje oculto de que “la libertad guía al pueblo“, no es suficiente dada la gravedad de las violaciones de los derechos humanos que cometen diariamente los funcionarios sauditas. Aunque la muerte de Khashoggi atrajo una importante atención internacional, hay al menos dieciséis periodistas encarcelados por el gobierno, lo que demuestra que la promoción de la libertad de expresión en Arabia Saudita sigue siendo letra muerta. Entre los que están en prisión se encuentran Saleh-al-Shehi, un periodista que cumple una condena de cinco años por criticar al tribunal real; Nadhir al-Majid, un escritor condenado a siete años de prisión por escribir artículos y tener contactos con corresponsales de agencias de noticias como AFP y Reuters; Alaa Brinji, un periodista de periódicos locales que cumple una condena de siete años; Wajdi al-Ghazzawi; Marwan al-Mureisi; y Raif Badawi.

No sólo en Arabia Saudita, sino también en los Emiratos Árabes Unidos hay disidentes pacíficos, periodistas y defensores de los derechos humanos francos como Ahmed Mansoor, Nasser bint Ghaith y Mohammed al-Roken detenidos arbitrariamente. Se han hecho posibles otras oportunidades de diplomacia cultural para Francia, como la apertura del Louvre de Abu Dhabi, que habría sido la oportunidad perfecta para que Francia desempeñara su papel de líder en lo que respecta a la libertad de opinión, expresión y prensa. Aún más importante es la participación de Francia en el proyecto, en virtud del cual los museos franceses aceptaron prestar obras de arte al Louvre de Abu Dhabi durante los treinta años siguientes. La Ministra de Cultura francesa Françoise Nyssen declaró que “en un momento en el que la cultura está siendo atacada… esta es nuestra respuesta conjunta”, lo que sugirió que Francia usaría su asociación para promover la cultura, el arte y un mensaje acompañante de libertad de opinión y expresión en Oriente Medio. Sin embargo, el préstamo de obras tradicionalmente famosas y prestigiosas de Leonardo da Vinci y Vincent van Gogh no es una crítica a las violaciones de la libertad de expresión de los Emiratos Árabes Unidos. Además, la asociación entre los dos países en el proyecto alcanzó un alcance de 1.100 millones de dólares, y por lo tanto, la crítica publicada por Reuters en 2007 de que Francia “sacrificaría los estándares culturales por el beneficio” describe bastante bien la naturaleza de este acuerdo.

Además, el Gobierno francés no se pronunció sobre los derechos laborales de los trabajadores, que supuestamente fueron violados durante la construcción del Louvre de Abu Dhabi, y dos periodistas suizos fueron detenidos e interrogados durante cincuenta horas por haber filmado a trabajadores migrantes paquistaníes que participaban en su construcción. Esto demuestra el deseo de los Emiratos Árabes Unidos de encubrir las pruebas de su violación de los derechos humanos, así como su falta de respeto por la libertad de expresión y el periodismo transparente. A pesar de sus supuestos valores, Francia no ha hecho ningún intento de prohibir estas acciones, a pesar de que la UNESCO se asoció con Reporteros Sin Fronteras (RSF) en abril de 2018 para cofundar la Iniciativa Fiduciaria para el Periodismo (JTI). La iniciativa afirma abogar por la “transparencia” en el periodismo y trabaja para combatir la desinformación, y también está asociada con la Agencia France Presse (AFP), lo que sugiere que el Gobierno y las empresas francesas tienen estos valores en la misma alta estima. Sin embargo, Francia sigue permitiendo la supresión de la libertad de expresión y el periodismo no sólo en Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, sino también en Bahrein.

En mayo de 2011, Nazeeha Saeed, corresponsal de France 24 en Bahrein, fue violentamente golpeada y torturada mientras estaba bajo custodia policial. En los años siguientes, fue blanco de las autoridades, se le prohibió viajar y se le impuso una multa. Esas prácticas son habituales en la Ley de prensa de Bahrein, lo que pone de relieve la ineficacia de la Asociación de Periodistas de Bahrein, que supuestamente también representa “exactitud, credibilidad y transparencia” en el periodismo. La Iniciativa Fiduciaria para el Periodismo aún no ha llamado la atención sobre esta discrepancia y el Gobierno francés sigue prestando apoyo a Bahrein a pesar de su claro desprecio por los supuestos valores franceses. Destacados defensores de los derechos humanos, como Nabeel Rajab y Abdulhadi Al Khawaja, que se pronunciaron públicamente en contra de la postura de Bahrein sobre la libertad de expresión, siguen en prisión. Mientras tanto, el gobierno francés hace poco por cambiar su desesperada situación o por combatir los problemas sistémicos en torno a la libertad de opinión, expresión y prensa en Bahrein. En consecuencia, se permite a Bahrein mantener la disolución de los medios de comunicación independientes y la represión de la sociedad civil.

En resumen, no basta con que Francia haya contribuido históricamente al establecimiento de las libertades fundamentales de opinión, expresión y prensa. El Gobierno francés, dirigido por Emmanuel Macron, debe defender estos valores y no sólo participar en asociaciones y acuerdos culturales, sino también tomar medidas concretas que estén auténticamente en consonancia con sus valores proclamados. Por último, la venta de armas a países de la región del Golfo, como Bahrein, que utiliza material antidisturbios producido en Francia para reprimir los movimientos que luchan por los derechos humanos fundamentales, incluida la libertad de expresión, es inaceptable y debe ser condenada en los términos más enérgicos. Tampoco existe una excusa ética para la venta de armas a Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que se utilizan manifiestamente contra civiles en la guerra del Yemen.

Francia debe comenzar inmediatamente a actuar de acuerdo con los valores que dicen representar: Liberté, Fraternité, Egalité!